Siento haber tardado tanto en actualizar. Últimamente mi vida es un poco desastre y encontrar hueco para escribir en el blog se hace complicado.
Tengo que deciros que el día de la elección de plaza fue uno de los más felices de mi vida profesional (y personal también, qué narices). Fue muy emocionante. Después de conseguir organizarme las ideas, tras hacer una lista (la lista era de risa, algún día os la colgaré) llegaba la siguiente cuestión: Virgencita que me dé para lo que quiero hacer. Así que llegué allí, a la puerta del ministerio, acompañada de mis dos hermanas con la lista en el bolsillo. Nos fueron llamando por número de orden y nos colocaron en el salón de actos. ¡¡Guau!! El salón de actos era impresionante. Había gente sentada en el anfiteatro y también en las gradas. Después de un par de charlas de personajes importantes
Yo estaba de los nervios. La inmensa mayoría de personas que tenía delante estaban eligiendo enfermería obstétrico- ginecológica... Pero cada vez que oía la palabra pediatría me daba un vuelco el corazón. Fue bastante curioso... Porque se eligieron relativamente pocas plazas de pediatría antes de mi número de orden.. pero TODAS fueron en Madrid. Ni una fuera de aquí. En esos momentos me planteé a mí misma para qué narices quería yo la lista que llevaba metida en el bolsillo si la llevaba tatuada a fuego en la cabeza. Lo que son las cosas.
Así que cuando fue mi turno, uno de los grandes hospitales pediátricos de Madrid ya había sido ocupado y de los otros se habían cogido, si mal no recuerdo, al menos la mitad de las plazas. No obstante tuve la suerte de poder escoger mi primera opción tanto en especialidad como en sitio, y finalmente fui la tercera residente que escogió pediatría en La Paz.
Cuando salí por la puerta del ministerio mis hermanas estaban esperándome con globitos y esas cosas. Nos fuimos a desayunar pero después hicimos una comilona en mi casa. Mi sobri estaba como loca con los globos y yo, pues, felicísima de la vida.
Hoy hace más o menos un mes que estoy en el hospital. Mi primera impresión cuando llegué
Y es que así es el hospital ... Literalmente una ciudad.
Yo, acostumbrada a mis centros de salud,a mi hospital pequeñito, de repente aterrizo allí y no sé ni cómo se saca un uniforme de la maldita máquina. Vamos, más perdida que todas las cosas.
Sin embargo cuando conocí el edificio del Infantil me enamoré perdidamente del lugar. Las paredes están llenas de personajes de dibujos animados, estatuas a tamaño real de los mismos, salas de juego, voluntarios vestidos de payasos andando por los pasillos, setas gigantes en la terraza del edificio...
Entonces comprendí la sensación de la que hablaba Miriam en su blog, y me dije a mí misma: Por fín estás en el mundo de las piruletas tú también.
Fue así como supe que fuera como fuera lo que viniera después, no podía haberme equivocado.
Los primeros días fueron de cursos y largas colas para hacernos la tarjeta identificativa. Conocí a mis Co-R que son las mejores compañeras que una ha podido imaginar y a los residentes mayores, que intentaron tranquilizarnos desde el principio. Nos integraron con los MIR de pediatría y el primer día tuvimos que subir a presentarnos en el salón de actos delante de todos ellos (parecíamos alcohólicos anónimos). Pero una vez pasado ese trago y haber conocido nuestras plantas la cosa parecía empezar a tomar un poco de forma.
Ahora mismo estoy un poco perdida, la verdad. Viene la sensación de: este sitio me viene grande, no me encuentro, no quiero ser la alumna, a veces me siento incómoda, no sé qué me han enseñado en la carrera,
Supongo, es normal. Hay días buenos, hay días malos. Pero cada uno de ellos me despierto pensando que esto es lo que yo he elegido, que he luchado mucho para llegar hasta aquí, que sea como sea tengo que intentar disfrutarlo.
Os seguiré contando :)
Un abrazo a todos y mucho ánimo a los que se enganchan al EIR ahora.
